Las vacaciones es la época del año más esperada por todos y algunas se convierten en inolvidables. Y las del verano del 2009 tenía todas las palpeletas de ser unas de las que nos se olvidan nunca, empezando porque por fin después de muchos años de amistad éramos capaces de organizarlas e ir todas y además en un tiempo record. El destino: las islas Fiji.
Contratamos el hotel más lujoso de toda la isla, nos compramos bikinis con sus pareos y pamelas a juego, varios litros de gazpacho (porque somos así de rebeldes) y nos dispusimos a disfrutar de unas buenas vacaciones sin saber las sorpresas que esa semana nos esperaban. Para empezar cuando llegamos al hotel nos comunican que nuestra habitación se encontraba en la sexta planta y que el ascensor está averiado. Una uña que me rompí subiendo mis 20 kilos de maleta hasta la habitación. Gabrielle tuvo que pararse más de una vez por el camino y echar mano de su pulmón portátil.
Una vez llegamos a la habitación y nos acomodamos, empezó la primera gran aventura del viaje. Kate empezó a ponerse blanca y a temblar. Nosotras al principio lo dejamos pasar ya que pensábamos que ya estaba empezando a “notar” los síntomas de algunas de las 30 enfermedades tropicales que se estudió antes del viaje para prevenirlas. Pero no. Resulta que aprovechando su viaje a las Islas Fiji su hospital le encargó el transporte de un riñón para un trasplante que tendría lugar en la isla. Lo que hace la seguridad social por ahorrar dinero. Y Kate, para variar, se dejó olvidada la mochila donde transportaba el riñón en una nevera en el autobús que cogimos de camino al hotel.
El pánico se hizo con nosotras. No sabíamos qué hacer. Nos pusimos a llamar como locas a la empresa de transporte y salimos a la calle a ver si veíamos al autobús. Pasado ya un rato y cuando dimos por perdido el riñón y el trabajo de Kate, a Gabrielle se le ocurrió una idea. Nos dijo que nos tranquilizáramos que ella conseguiría otro riñón del mismo tipo a lo largo del día pero con la condición de que no hiciéramos ninguna pregunta de cómo, dónde ni porqué. Y sin más, se fue haciendo unas llamada y no llegó hasta la madrugada, pero efectivamente, con una nevera y un riñón dentro de él. Nunca supimos donde estuvo ese día, pero eso reafirmaba aún más mis sospechas de su pertenencia a algún tipo de mafia.
Lo que no sabía Gabrielle es que aquel negocio pudo costarle la vida y la de alguna de nosotras. A mitad de las vacaciones cuando paseábamos tranquilamente por el paseo marítimo de madrugada y apenas había gente en la calle, pasó una furgoneta blindada o con los cristales tintados de la que apareció un tipo con un pasamontañas algo sospechoso, sobre todo por la metralleta que portaba en la mano. Sin más, gritó algo en otro idioma se puso a disparar como loco hacía Gabrielle, el resto nos cubrimos como pudimos (Penny nunca me perdonó que la usara como escudo, no se cree que fuera un acto reflejo). Cuando la furgoneta se fue asustadas empezamos a hacer recuento: Mia estaba, Penny me gritaba, yo le contaba mi teoría sobre los actos reflejos, Kate se buscaba agujeros por todo el cuerpo, pero nos faltaban dos.
Miramos más adelante y vimos el cuerpo de Gabrielle y Amy en el suelo a lo lejos. Llorando nos acercamos todas a ver si seguían vivas pero sin muchas esperanzas. Kate le tomó el pulso primero a Gabrielle y nos miró con gesto negativo. No podíamos creerlo, estaba muerta. Y cuando se acercó a Amy estaba aún estaba viva y sin ningún signo de bala. Cuando vio que éramos nosotras se levantó y dijo que sólo se hacía la muerta para despistar. Nos quedamos un rato sentadas llorando y abrazadas sin asumir lo de Gabrielle, cuando de repente, llena de de agujeros de bala se levanta, se quita la camiseta y se desabrocha lo que parecía ser un chaleco antibalas y sin más dijo: “malditos chalecos antibalas, cuando aprenderán a hacerlos mejores, me duele todo el cuerpo”. Ni intentamos preguntarle por el chaleco. Ya sabíamos que la regla era no preguntar ante todo.
Gabrielle no es la única que estuvo cerca de la muerte. Durante esa semana en las islas viví la que suponía mi tercera experiencia con la muerte (ya os contaré las otras dos otro día), y lo gracioso de la historia es que hay pruebas gráficas de ello. Mejor, porque luego tengo fama de exagerar e inventarme las cosas. Resulta que me estaba dando un baño en las tranquilas aguas del pacífico cuando de repente, y cuando quise darme cuenta era tarde, detrás de mí apareció una ola de al menos 20 metros de altura. No hubo tiempo de reaccionar. En ese momento vi pasar mi vida en imágenes: mis primeras palabras, mi primera bici, mi primer beso, mi primer bocadillo de jamón… No tuve tiempo ni de repasar mi adolescencia cuando la ola rompió en mí y me arrastró durante unos metros por el mar, chocándome contra las rocas del suelo y manteniéndome debajo del agua durante un largo rato hasta que me soltó de golpe en la orilla. Estuve conmocionada durante horas. Fue el día que decidí que lo primero que haría cuando volviesemos a Los Angéles sería mi testamento.
Y a la vuelta de las vacaciones Mia se llevó un gran disgusto cuando vio publicada en toda la prensa rosa fotos “robadas” (eso dice ella) de nuestras vacaciones. En concreto una que llevaba como titular: “Las orgías lésbicas y los nuevos pechos de la empresaria multimillonaria Mia Wallas” en la que aparecía en una postura muy sugerente con Penny, de un día en que ambas salieron solas por la isla. Por lo visto en estos países las operaciones de estética son mucho más baratas que en España, o eso había leído Mia por internet. No nos quiso contar nada para darnos la sorpresa (la sorpresa nos la dio, eso está claro) pero le pidió a Penny que la acompañase a aumentar la talla de su pecho de una 90 a una 105. Contenta con su nuevas dos adquisiciones (te y torras) decidió irse de fiesta esa noche resultado de tal borrachera es la foto que más tarde apareció en la prensa rosa.
Lo de sus tendencias o no lésbicas no pudo desmentirlas, pero lo de su pecho si; ya que, como dice mi madre, “lo barato sale caro”, y cuando volvíamos en el avión debido a la presión de la altura a la que volábamos le explotaron tanto te como torras volviendo a su talla 90 en menos que canta un gallo. Después de la explosión Kate asegura que tiene menos audición en su oído derecho… Pero, ¿qué no tiene Kate?
Continuará...
Carrie

jajajaja q perra, q caña le das a la pobre Kat!! seguro q está superenferma (ya q has descrito todos los sintomas d enfermedades raras y exoticas) y tú y tus guionistas poniendola de zumbada en la serie!! menos mal q Gabrielle sacó a la pobre del atroyadero consiguiendo el riñón, xq si no, con el susto, se hubiera desencadenao toda la enfermedad!!
ResponderEliminarjajajaja se te va la olla! no se d dond sale lo d las balas!! m ha ncantado ^^
ResponderEliminarxDDD i love gabrielle, q tia, no sé q chanchullos tendrá pero a eso se le llaman recursos...
ResponderEliminaryo voto x grabar los capitulos xD
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