Parece ser que la única relacionada con el crimen en esta historia soy yo siempre, pero hubo en día que todas nosotras acabamos violando alguna ley y con la policía tras nuestros talones.
El día comenzó como uno más, quedando para desayunar en nuestra cafetería preferida en Sunset Boulevard como casi todos los domingos. Tras el desayuno me fui corriendo de allí puesto que tenía que arregla un “asuntillo”. Carrie insistió en acompañarme, yo no quería que viniese puesto que era una misión peligrosa y dada la torpeza que la caracteriza podría cagarla. Finalmente, decidí que me acompañase y que llevase el coche.
Para Carrie y las chicas el “asuntillo” era recoger una compra en un almacén de la ciudad. Para mí aquello me estaba quitando el sueño durante los últimos días y era que algo que tenía que solucionar pronto y sobre todo, rápido. Y es ahí donde entraba el papel de Carrie. Le dije que esperase con el coche en marcha que entraría un segundo a recoger el paquete, pero todo acabó peor de lo que pensaba.
Shong Yoon era de lo peorcito mafia china y nos debían una gran cantidad de dinero de hace tiempo pero se negaban a pagarlo. Cuando entré me estaban esperando y tuve que huir tras un tiroteo del que me salvé de milagro. Corrí con la esperanza de que Carrie tendría el coche preparado para salir pitando de allí pero cuando llegué el coche estaba vacío, miré por todos lados a ver donde se había metido y la vi cruzando con un dulce en la mano. Le grité y le dije qué que hacía fuera del coche y me dijo “Tenía hambre tía”.
De repente se asomaron por la puerta un par de hombres de Shong Yoon pistolas en mano y Carrie, blanca, tiró el dulce y se metió corriendo en el coche y arrancó, dejándome atrás. Corrí detrás de ella unos metros hasta que paró el coche y pude meterme dentro. Nos estuvieron persiguiendo durante varias calles, nunca había visto a Carrie tan nerviosa, la “defensora de la ley y el orden” se estaba saltando todos los semáforos habidos y por haber y cometiendo todas las infracciones de tráfico existentes hasta que de repente de un coche insignificante resultó ser la policía secreta y nos paró al instante. Aunque mejor ellos que los Shong Yoon.
Mientras tanto, en otro lado de los Ángeles, estaba Mia. Estaba en unos de esos día pre-menstruales en los que se quejaba por todo, aunque cierto es que Mia siempre se queja por todo. Decidió salir a una de sus aficiones favoritas a ver si se relajaba y fue de compras. En Dolce Gabanna empezó a probarse sus últimos modelitos y ninguno le gustaba y acabó enfada con la dependienta que trataba de hacerle ver que le quedaba bien. Enfadada se disponía a salir de la tienda cuando le vino a la mente una frase que le dije Penny en una de sus sesiones “Intenta vivir nuevas emociones y hacer cosas nuevas, así te sentirás más relajada y te enfadarás menos con el mundo”.
En ese momento, y en un despiste de la dependienta, vio unas gafas por valor de 2.000 dólares que le sentaban muy bien y cuya vitrina de seguridad estaba abierta puesto que estaban organizándola. Miró varias veces a sus lados y salió sutilmente de allí con las gafas en la mano. Una vez fuera, nerviosa empezó a acelerar el paso y mirando hacia atrás constantemente. Una calle más abajo se paró y empezó a reír de satisfacción puesto que no la habían seguido.
Se puso las gafas y sonó el teléfono. No entendió muy bien lo que le estaban diciendo, decía que era una acento raro, como asiático, y que tenían a Amy secuestrada que si querían verla viva que no fueran a la polícia. No le dio tiempo a reaccionar porque cuando se giró, se encontró a dos policías y la dependienta que la señalaba. Paralizada tiró las gafas al suelo e intentó defenderse ante la policía que la arrestaron inmediatamente.
Y por otro lado, Penny y Kate paseaban tranquilamente después de que Penny acompañase a Kate al hospital para que ésta se pusiese la vacuna para la enfermedad del sueño ya que estaba obsesionada desde que vio una mosca un tanto extraña en su piso y que ella afirmaba que podría ser una mosca tse tse porque desde entonces duerme más. Obviamente, y como en casi todas las vacunas que se ponía Kate, le inyectaron un placebo por recomendación al hospital de su psicóloga Penny.
Durante el paseo de vuelta a casa pararon frente a un quiosco de lotería y empezaron a hablar de lo que harían si le tocase el premio gordo que había esa semana. Soñando despiertas decidieron gastarse una gran cantidad de dinero en la lotería para probar suerte. El hombre, algo discapacitado, recibió el dinero por la compra de los billetes de lotería devolviéndole un cambio equivocado casi equivalente a lo que habían comprado, saliéndole la compra casi gratis a las chicas. Se miraron y decidieron irse. Pero por el camino Kate empezó a delirar sobre el karma y Penny se sentía fatal por lo que habían hecho así que decidieron entregarse ellas misma en la policía.
Y allí estábamos todas en la misma celda del calabozo sorprendidas de encontrarnos allí poco a poco y con los policías bromeando sobre nosotras. Carrie seguía blanca mirando al suelo lo cual me tranquilizó porque sabía que nunca le contaría a las chicas lo ocurrido, y mi versión para ellas fue que nos saltamos un par de semáforos y nos pillaron. Mia no dejaba de quejarse por los asientos, el color de la celda, los policías y por el consejo que Penny le dio. Kate de pie en una esquina enumerando todas las enfermedades que se pueden coger en una cárcel. Y Penny, que siempre le había gustado el mundo de la prisión, aprovechó para dejar el curriculum por si buscaban alguna psicóloga para los criminales.
Yo estaba segura que “los míos” vendrían pronto a por mí como efectivamente fue. Dejé allí a las chicas y moví algunos hilos para que cancelaran los antecedentes y las sacaran pronto. Todo se consigue con algo de dinero y contactos. Una vez fuera, empecé a investigar sobre el secuestro de Amy, aunque yo estaba practicamente segura que era obra de los Shoon Yong.
Gabrielle.